Los Cuentos del Timonel (2001): Osvaldo Bayer en sus propias palabras. Un film de Eduardo Montes-Bradley.
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Premio Cóndor de Plata al Mejor Documental — Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina, 2002
Hay hombres cuya vida es en sí misma un argumento. Osvaldo Bayer es uno de ellos.
Nacido en 1927 — el año en que fueron ejecutados Sacco y Vanzetti, un dato que él mismo recuerda con la precisión de quien sabe que la historia personal y la historia colectiva son inseparables — Bayer pasó su infancia en el barrio de Belgrano, en Buenos Aires, en una colonia alemana que en 1934 ya marchaba al compás de la embajada nazi. Fue marinero en los ríos del Plata y el Paraná. Fue estudiante de filosofía en la Argentina del peronismo, cuando enseñar a Kant era un acto subversivo. Fue periodista, gremialista, preso político, exiliado. Fue el hombre que le preguntó al Che Guevara lo que nadie quería preguntar — y pagó el precio social de hacerlo.


Los Cuentos del Timonel es el retrato documental que Eduardo Montes-Bradley filmó a lo largo del año 2000, con Berlín y otros parajes alemanes como marco. Allí, en la tierra de sus mayores — descendiente de una familia del Tirol austríaco, de la ciudad de Schatz — Bayer tiene una de sus residencias estables, y allí eligió fijar sus varios exilios. El film es el tercer escalón de una serie que Montes-Bradley viene dedicando a figuras intocables de la cultura argentina, tras Soriano(1998) y Harto the Borges (2000). En todos los casos, el propósito es el mismo: no el mausoleo, sino el hombre.
Lo que la cámara encuentra es a un Bayer no oficial. No el autor solemne de La Patagonia Trágica ni el columnista incorruptible de Página/12, aunque esos Bayer también están. Están también el Bayer que casi fue víctima de "los sueños subtropicales" de unos marineros correntinos bajo una luna impresionante en el río Paraná. El que fue destinado a la cárcel de mujeres porque las de hombres estaban llenas de presos políticos. El que fundó La Chispa, "el primer periódico independiente de la Patagonia," y fue expulsado de Esquel porque se atrevió a defender a un plantador de nogales contra los estancieros. El que llegó a secretario general del sindicato de prensa sin quererlo, por haber llegado a Buenos Aires con barba de la Patagonia en el momento exacto en que los guerrilleros cubanos también usaban barba. El que almorzó con Cortázar y descubrió que el elogio público que lo había convertido en autor de culto era, en el fondo, un lapsus cometido en un avión.
Pero el film es también — y esto es lo que lo distingue de la semblanza convencional — un recorrido por la historia argentina del siglo XX contada desde sus márgenes. Bayer fue testigo de la llegada del nazismo a la colonia alemana de Belgrano. Fue testigo de la construcción del Muro de Berlín en 1961 y de su caída en 1989. Fue testigo del peronismo desde sus orígenes golpistas, de la dictadura de Aramburu, del año 1973 y del terror de López Rega. Fue el hombre que investigó durante siete años las masacres de la Patagonia de 1921-22 y que, gracias a una cadena de circunstancias que incluyen a Cortázar, a Olivera, a un mal momento de Perón con el diario La Nación y a Norman Brisky gritando "¡Viva Montoneros!" en una proyección privada para senadores, logró que esa historia llegara a la pantalla grande.
El Cóndor de Plata es el premio que otorga la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina — fundada en 1942 y miembro de la Federación Internacional de Críticos de Cine (FIPRESCI) — considerado el equivalente argentino del Oscar. Los Cuentos del Timonel lo ganó en 2002 en la categoría Mejor Documental. Era el reconocimiento justo para un film que hace exactamente lo que el mejor cine documental debe hacer: completar el retrato de su entrevistado, no reducirlo a un croquis, permitir que adquiera nuevo volumen — muchas veces impensado.
Osvaldo Bayer murió en Buenos Aires en 2018, a los 91 años. Los Cuentos del Timonel es uno de los documentos más vivos que existen sobre su pensamiento, su memoria y su manera de estar en el mundo. Dirección: Eduardo Montes-Bradley. Producción: Contrakultura Films / Heritage Film Project. Duración: 85 minutos.


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