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Guillermo Cabrera Infante y Alberto Korda: La Habana, las Mujeres y el Fin del Espejismo Revolucionario

Jun 25
7 min read

Hay amistades que nacen de afinidades intelectuales. Otras del oportunismo. La de Guillermo Cabrera Infante y Alberto Korda nació del deseo. Deseo por las mujeres. Por la belleza. Por La Habana. Por esa peligrosa sensación de que el arte y la vida podían confundirse hasta volverse indistinguibles. Antes de que Fidel Castro se transformara en una obsesión política y moral para Cabrera Infante, antes de que el rostro del Che Guevara fotografiado por Korda terminara estampado sobre millones de camisetas alrededor del planeta, existió otra Cuba: una isla elegante, contradictoria y sensual donde literatura, fotografía y erotismo coexistían como partes de una misma religión nocturna. Y en el centro de esa liturgia estaban ellos dos. Korda fotografiaba mujeres. Cabrera escribía sobre ellas. Uno trabajaba con luz. El otro con ironía.


El fotógrafo del deseo


En más de una ocasión Korda confesó algo que explicaba toda su existencia artística: fue la necesidad de captar la belleza femenina lo que lo convirtió en fotógrafo. No comenzó fotografiando revoluciones. Comenzó fotografiando novias. Aprendió técnica de manera autodidacta, obsesionado con encontrar el ángulo exacto donde la belleza dejaba de ser cotidiana y se convertía en mito. Cada rostro femenino era para él un territorio de exploración estética. El retrato de mujeres terminó convirtiéndose en el nervio central de toda su trayectoria. En 1953, junto a Luis Pierce, fundó los legendarios


Photo by Alberto Korda, c. 1956
Photo by Alberto Korda, c. 1956

Studios Korda, dedicados principalmente a la fotografía publicitaria. Pero incluso dentro del universo comercial, Korda elegía cuidadosamente sus campañas: Bacardí, casas de moda, turismo, portadas de revistas, compañías de seguros. Todo aquello que le permitiera seguir haciendo lo que realmente le interesaba: fotografiar mujeres hermosas. Y lo hacía con una sofisticación extraordinaria. Sus imágenes no eran simples anuncios; eran fantasías tropicales cuidadosamente construidas. Mezclaban el glamour europeo con el calor cubano, la elegancia de París con la humedad de La Habana. Había algo profundamente cinematográfico en aquellas composiciones: mujeres parcialmente desnudas, humo, guitarras, ventiladores lentos y sombras suaves atravesando cuerpos perfectos. Era una Cuba que todavía creía pertenecer al mundo elegante de Occidente.


Literatura e imagen: entra Cabrera Infante


Fue entonces cuando apareció Guillermo Cabrera Infante. O más bien: apareció la complicidad. Muchos de aquellos reportajes fotográficos publicados en Carteles la revista más sofisticada de la Cuba republicana eran concebidos como verdaderos actos creativos. Korda encontraba muchachas anónimas en las calles habaneras o jóvenes atraídas por la creciente fama de Studios Korda y las transformaba en protagonistas de pequeñas ficciones visuales. Cabrera Infante, escribiendo bajo el seudónimo de G. Caín, acompañaba las imágenes con textos breves, ingeniosos y cargados de doble sentido. Era un mano a mano entre literatura e imagen. Una maquinaria perfecta. Mientras Korda construía el cuerpo del deseo, Cabrera construía su lenguaje. Los dos compartían la misma debilidad: las mujeres. Y también el mismo apetito mujeriego, casi deportivo, profundamente habanero. Vivían dentro de una ciudad donde la seducción era una forma de supervivencia cultural. Prometían fama a las muchachas. Y a veces incluso la conseguían. Las modelos aparecían en las páginas satinadas de Carteles convertidas de pronto en símbolos de glamour tropical. Muchachas desconocidas del Vedado o Marianao amanecían convertidas en pequeñas estrellas caribeñas gracias al lente de Korda y a las palabras de Cabrera. Aquello era mucho más que fotografía de moda. Era la construcción de una mitología cubana del deseo.


La Revolución entra en escena


Y entonces llegó 1959. La Revolución entró en Cuba como una tormenta que no solo cambió el sistema político, sino también la estética, el lenguaje y el significado mismo de la belleza. Lo fascinante y profundamente trágico es que tanto Korda como Cabrera inicialmente creyeron en ella. Cabrera Infante, joven, brillante y todavía entregado a los ideales humanistas de la Revolución, participó activamente en aquel entusiasmo colectivo. Dirigió el suplemento literario Lunes de Revolución, publicado entre marzo de 1959 y noviembre de 1961, probablemente uno de los experimentos culturales más sofisticados de la historia cubana. En sus páginas convivían literatura, crítica, cine, política y periodismo cultural con una libertad todavía posible en aquellos primeros años del proceso revolucionario. Allí Cabrera escribió textos como El misterio de Antón Chéjov, sobre la recepción del escritor ruso en la Cuba comunista; Las vértebras de España, donde todavía flotaba el eco intelectual de la posguerra española; o La letra con sangre, feroz alegato antiestadounidense escrito bajo el impacto de Bahía de Cochinos. Incluso en aquellos textos tempranos ya comenzaba a percibirse algo peligroso: una disidencia todavía embrionaria, casi inconsciente. Porque Cabrera era, ante todo, un observador. Y los observadores terminan viendo demasiado.


Fidel Castro como obsesión literaria


La gran tragedia de Cabrera Infante fue descubrir lentamente que la utopía revolucionaria comenzaba a parecerse demasiado a una maquinaria de control. Lo que empezó como entusiasmo terminaría transformándose en una crónica personal del desengaño. Poco a poco, el joven idealista fue cuestionando los principios humanistas de la Revolución, transitando hacia una crítica abierta del régimen. Fidel Castro antiguo símbolo de esperanza colectiva terminó convirtiéndose para él en una especie de bestia totémica, representación máxima de todas las tiranías construidas en nombre de la utopía. Y Cabrera hizo lo único que sabía hacer frente a la decepción: convertirla en literatura. Toda su obra posterior puede leerse como una gigantesca conversación obsesiva con Cuba y con Fidel. El exilio transformó esa obsesión en un territorio creativo de enorme potencia estética. Libros como Vista del amanecer en el trópico o Tres tristes tigres reconstruyen La Habana perdida como si fuese una ciudad imaginaria, sensual y fantasmagórica al mismo tiempo. Más tarde, Mea Cuba (1992) terminaría convirtiéndose en uno de los grandes alegatos anticastristas escritos desde la izquierda liberal: un diagnóstico moral, político y cultural de la tragedia cubana. Pero reducir Cabrera a un simple opositor político sería un error grotesco. Porque incluso en sus ataques más feroces existía estilo. Existía humor. Existía esa mezcla de ironía y melancolía que transformaba su escritura en algo mucho más complejo que propaganda anticastrista. Era literatura nacida del desencanto.


El divorcio silencioso


Mientras Cabrera comenzaba su viaje hacia el exilio y la disidencia, Korda tomó el camino opuesto. Se quedó en Cuba. Y se convirtió en el gran fotógrafo de la Revolución. Aquí comienza una de las fracturas más dolorosas de esta historia. Porque lo que durante años había sido una hermandad construida sobre mujeres, revistas, noches habaneras y complicidad artística empezó a desintegrarse lentamente. No hubo un gran enfrentamiento público. No hubo escándalo. Hubo algo mucho más triste y más cubano: el silencio. Cabrera se marchó al exilio. Korda permaneció dentro del sistema. Y entre ambos comenzó a crecer una distancia imposible de reparar. El escritor reconstruía Cuba desde Londres como un fantasma obsesionado con la memoria. El fotógrafo seguía documentando la Revolución desde dentro de la isla. Uno transformó su frustración en literatura; el otro quedó atrapado dentro de las imágenes oficiales de un proceso histórico que lentamente comenzaba a endurecerse. La amistad terminó convirtiéndose en una especie de divorcio emocional y profesional. Porque el exilio no solo separa geografías. Separa versiones de la realidad.


El archivo perdido y la metáfora final


En marzo de 1968 ocurrió algo simbólicamente devastador. El archivo de Studios Korda fue confiscado por el Departamento de Lacra Social del Ministerio del Interior cubano. Negativos, equipos, fotografías enteras desaparecieron hacia un destino desconocido. Solo fueron devueltos posteriormente los negativos relacionados con la Revolución. Todo lo demás las modelos, los desnudos, las campañas publicitarias, las muchachas anónimas de Carteles desapareció. Es difícil imaginar una metáfora más perfecta de la historia cubana. El Estado conservó al Korda revolucionario. Y borró al Korda erótico, sofisticado y habanero. Como si una parte completa de la memoria visual de Cuba hubiese sido enterrada deliberadamente. Hoy esos negativos perdidos sobreviven casi como una leyenda. Un archivo fantasma. Una Habana desaparecida que todavía espera ser encontrada dentro de alguna caja olvidada de un ministerio o un sótano estatal. Y tal vez ahí reside la verdadera conexión final entre Cabrera Infante y Korda. Ambos terminaron convertidos en arqueólogos involuntarios de una Cuba extinguida. Uno intentó salvarla con palabras. El otro con fotografías. Y ambos comprendieron demasiado tarde que ninguna revolución puede sobrevivir intacta al peso de la realidad humana.


Nota del editor


Compartí este artículo de Dante Korda con Miriam Gómez, esposa de Guillermo Cabrera Infante y testigo privilegiada de todo cuanto aquí se narra. Su respuesta llegó por correo electrónico. La transcribo sin alteraciones sustanciales porque constituye, en sí misma, una fuente primaria y privilegiada. —Eduardo Montes-Bradley


Por fin he podido leer el artículo. Se me rompió la copiadora y no encontraba una que casara con mi tan antigua Apple; unos amigos mexicanos me hicieron el gran favor de instalar una pequeña Brothers que con su magia lograron casar, y he podido aumentar la letra a mi visión.

Me ha gustado el artículo; escribe muy bien y con mucho ritmo. Cuenta la verdad a medias: Guillermo en Cuerpos Divinos cuenta cómo conoció a Norka, quien les habló de Korda a él y a Jesse Fernández. Desde ese momento Norka lo vistió como un fotógrafo profesional. Si ves el libro CUBA de Korda verás que antes de ese día se vestía como un Chicho cualquiera; hasta las Desert Boot de Clarks que calzaba Jesse las copió para siempre.


Miriam Gomez by Montes-Breadley
Miriam Gomez by Montes-Breadley

Antes de las muchachas de Korda, Guillermo ponía actrices italianas y francesas. Fue Korda quien le pidió que pusiera sus fotos con bellezas cubanas, hasta el día que una madre se apareció y pidió ver al director para quejarse de cómo Korda había pervertido a su hija.

La amistad no fue la misma después de que Norka le contó lo malo que era Fidel Castro en la cama: que había que dejar la puerta abierta, donde se veían a los guardaespaldas pasar y pasar, todo oyéndolo Korda, que se reía y reía. Cosa que a Guillermo le repugnó tremendamente. Solo le aconsejó a Norka que no hablara de eso, pues Rosarito Moreno se vio obligada a fugarse en un bote por contar lo mismo. Korda luego acompañó a Fidel Castro a todas partes.


La foto del Che la hizo Korda para Lunes de Revolución; se publicó otra, que yo tengo —tengo ese número de Lunes—. No estaba él solo: esa imagen la extrajeron de una manifestación con miles de personas. Valerio Riva y Feltrinelli necesitaban una foto y escogieron esa, que sometieron a una limpieza. Eso nos contó Valerio Riva cuando dejó la revolución. Feltrinelli voló en mil pedazos poniendo una bomba en Italia.


Muy cercano a su muerte, desde un país escandinavo, le envió con alguien un gran abrazo. Korda murió en 2001, Guillermo en 2005.


¿Quién escribió este artículo?


214 Comments


sunwin20
10 hours ago

Bài viết này mở đầu bằng cái tên dài và có vẻ đang kể một Havana rất đông người, nhiều gương mặt, rồi tựa như đứt giữa chừng ở chữ cuối. Tôi đọc mà phải dừng lại mấy lần, chủ yếu vì không chắc tác giả muốn nói đến một kết thúc của thành phố, của những người phụ nữ, hay của chính cách nhìn cũ. Có hôm ngồi chờ người quen, tôi vô tình thấy sunwin20 xuất hiện trong một cuộc trò chuyện về Game bài đổi thưởng, chuyện đó làm tôi nhớ cách bài này để ngỏ mọi thứ. Cả hai đều choán không gian, nhưng không trả lời hết. Có lẽ phần bỏ lửng mới là điều khiến…

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https://soicauxoso66.net/
11 hours ago

Phần lớn bài viết tập trung vào việc kỹ thuật nên đọc hơi khô, nhưng vài dòng về tâm trạng thi đấu lại rất sống. https://soicauxoso66.net/ Tôi không theo wrestling, chỉ hay xem lướt qua mấy trận cuối tuần nên cũng chỉ biết mặt sân. Có một chi tiết về việc dàn nhóm khán giả trong nhà thi đấu nhỏ mà tôi thấy thú vị hơn cả phần chiến thuật. Mỗi lần thấy một trận được chuẩn bị công phu thế này, tôi lại nghĩ tới cách người ta dạy nhau trong những môn không có bảng xếp hạng, chỉ dựa vào cảm giác. Tôi có biết tới https://soiauxoso66.net/ qua một lần nghe quen tai, nhưng chưa từng bấm vào xem…

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sunwin20
14 hours ago

Tôi đọc bài viết này từng đoạn khá chậm, phần phân tích phim của Guillermo Cabrera Infante cứ kéo tôi lại lần nữa vì mấy chi tiết về phụ nữ trong xã hội Cuba rất gắn với thứ người bản xứ thường bàn. Cuối bài ông kể cả việc tìm tên phụ nữ cho một tác phẩm thứ hai, tôi thấy cái nghề đòi hỏi vậy cũng giống việc chọn nhan để đặt cho thương hiệu. Bạn tôi thích xem phim có chú thích dài, thi thoảng kể cả chuyện lần trước tải bản dịch nào cũng hỏng, từng vấp chữ Hán cũng bỏ. Ông cũng hay đẩy điện thoại sang cạnh tôi lúc bàn chuyện này, nói có chỗ…

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go88
18 hours ago

Mình biết tên Guillermo Cabrera Infante và Alberto Korda qua vài bài viết về văn chương, nhiếp ảnh Havana, nhưng bài này đưa hai cái tên cạnh nhau theo cách mình chưa từng để ý. Câu chuyện về phụ nữ và sự kết thúc nào đó nghe nhiều tầng hơn tiêu đề, mình đọc vài đoạn rồi phải dừng lại vì không chắc tác giả muốn nói lịch sử hay trí nhớ cá nhân. Trong lúc suy nghĩ, mình nhớ hồi bé ở nhà có người chơi go88 trên máy tính trong lúc chờ tivi, tiếng hiệu ứng ngắn ngủi vang lên làm mình gắn cái tên đó với khoảnh khắc chờ đợi chứ không với trò chơi. Bài này cũng…

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tải go88
18 hours ago

Mình đọc tiêu đề Cabrera Infante, Korda, La Habana mà thấy bài này đi vòng qua khá nhiều lớp văn hóa. Mình không rành văn học Latin Mỹ, chỉ biết Korda qua vài tấm ảnh nổi tiếng và Cabrera qua cái tên được nhắc trong các bài về Cuba. Có hôm lật tìm ảnh Havana cũ trên điện thoại, kết quả tìm kiếm chen vào vài thứ chẳng liên quan, trong đó thấy tải go88 xuất hiện ở một quảng cáo. Mình chẳng bấm vào, nhưng ấn tượng đó khiến mình nghĩ tới cách ký ức một thành phố bị trộn lẫn với những thứ ta tình cờ nhìn thấy. Bài viết này giúp mình nhìn Havana như một điểm gặp…

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