THE ARCHIVES | Buena semblanza de Osvaldo Soriano
- Apr 26, 1999
- 2 min read
Por Daniel Paraná Sendrós
Ámbito Financiero, 26 de abril de 1999 -- Vale la pena ver esta película documental sobre el escritor Osvaldo Soriano, incluso para quienes no sean fanáticos de sus trabajos. La obra es interesante, entretenida, y bien hecha. Pero, además, evita las cuitas del cine biográfico, y elude la santificación.
El cineasta Eduardo Montes Bradley salva los problemas del cine biográfico, sencillamente gracias a un vaivén de temas y de años, que saltan sin repetirse, de forma amable, como una conversación acerca del amigo. No es una biografía, es una semblanza hecha con adecuado montaje. «Tampoco pintemos a un santo», recuerda uno de los testimoniantes, Pasquini Durán, en charla de ex compañeros de redacción. En efecto, aquí también hay espacio para quienes critican cosas de Soriano, le restan méritos, o mencionan alguna mancha.
De todos modos, los casi treinta entrevistados son generalmente elogiosos, ya sea respecto de su habilidad como narrador, o como persona cálida, como hombre progresista (hay una hermosa definición de Gianni Miná sobre lo que esto realmente significa), y también como maravilloso macaneador. Al respecto, la anécdota de su trabajo de contador de patos y cisnes en un lago de Bruselas resulta más que ilustrativa. Nadie sabrá lo que tiene de cierta, pero da gusto escucharla.
Otros méritos del documental residen en un buen trabajo de producción, con entrevistas en varios países, atractiva recopilación de fotos, recorridas por lugares clave (incluso la tumba del agente secreto argentino que inspiró El ojo de la patria), unos graciosos separadores en dibujos animados de Liliana Romero y Vicky Biagiola (las del admirable corto «Tanto te gusta ese hombre»), y varios tramos bien seleccionados de los films No habrá más penas ni olvido y Una sombra ya pronto serás ilustrando el mundo del escritor.
Lástima que por una cuestión de derechos no pudiera usarse ninguna versión cinematográfica de Cuarteles de invierno. En cambio, aparece una risueña joyita, un corto amateur del propio Soriano en su juventud tandilense, que Montes-Bradley encontró y terminó, siguiendo el estilo humorístico del escritor. En cuanto a los testimonios, hay algunos muy valiosos, de gente poco publicitada, y otros de poco mérito, cosa que suele ocurrir.

P.S.



Comments