MUJERES BELLAS Y CON TACOS en la guerra civil española

Updated: May 8



Es posible que Pablo Tabernero no hubiera tenido más remedio que emigrar a Barcelona en la primavera del ´33. Lo cierto es que para mayo de aquel año desembarca en la Estación Francia y se instala en un hotel a escasos metros del paseo de las ramblas.

Durante los próximos cuatro años, el berlinés (su verdadero nombre era Peter Paul Weinschenk) aprenderá castellano y catalán, también a sobrevivir en los dos idiomas.


La Segunda República tenía mucho que ofrecerle, el ambiente que se vivía en aquellos días pudo parecerle auspicioso. En 1935 participó del rodaje en seis largometrajes sonoros y un año más tarde estalla la guerra civil.


La tarea de documentar ese período en la vida de quien años más tarde se convertiría en uno de los directores de fotografía más importantes de los que se tenga noticias en la historia del cine argentino, me permitió convivir con imágenes y testimonios de la época. La tarea me permitió reflexionar en torno a un número considerable de fotografías en las que aparecen mujeres, generalmente muy jóvenes y en muchos casos sumamente atractivas, en el rol de combatientes que, hasta entonces, le estaba casi exclusivamente reservado al varón. Años más tarde aparecerían las primeras imágenes de mujeres, también bellas y airosas,

en el ejército israelí. Entre las primeras hay una en particular que me llama poderosamente la atención.



Me refiero a la miliciana con una rodilla en tierra y pistola en mano apuntando hacia la derecha de cámara. Va vestida de negro y con zapatos acordonados y con tacos como los que se usan en los calzados de baile. Se me ocurre que el fotógrafo debió de haber sido hombre, es más, no creo que hubiera mujeres como corresponsales de guerra en aquellos años. De cualquier modo, resulta intrigante. El resto de las jóvenes milicianas retratadas en el compilado de imágenes que acompaña esta reflexió son tan atractivas como ella. Están las cuatro que empujan un camión; la que toca el acordeón y las que cuelgan de la puerta de un vagón de tren. Insisto, todas de una belleza sutil, casi despiadada. Busqué entre los archivos a mi disposición retratos de mujeres que no fueran atractivas y no encontré ninguna. O bien el bando republicano llevó adelante un casting exhaustivo, o los bien los corresponsales de guerra dejaron de lado a las milicianas menos afortunadas. La idea hoy, resulta cuando menos inquietante.

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